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Su cumple fue el miércoles. Nos vimos un ratito. Lo mejor del día. Picamos algo y le di su más que merecido regalo. Estaba nerviosa. Quería regalarle eso. Le dije: Sólo disfrútalo, no quiero que me digas nada respecto a lo que me haya podido gastar. Quería regalártelo y punto.

Le encantó. Me sentí feliz. Él estaba feliz. Estábamos juntitos.

Nos retiramos prontito. Era día de labor. Ya lo celebraríamos el viernes con la cenita especial.

Y así fue. Ayer lo celebramos. Me encantó el sitio. Intuía que podía ser ese sitio. Fue genial…

La cena:

1º Ensalada de bogavante y centollo

2º Besugo a la brasa

3º Brownie borracho con helado de mousse de chocolate, helado de maracuyá, endrinas, fruta exótica (no recuerdo el nombre), y fundido de chocolate

Todo regado con un albariño fresquito riquísimo.

Lo mejor: la compañía. Él y yo juntos. Disfrutando el uno del otro. En  la mesita más romántica del restaurante, en unas esquinita, sin que nos molestasen ni humos ni nada.

Amore, te quiero. Por tus veintitodos y los que sigan.

A mi me encanta mirarme los pies, no sólo por arriba, sino también las plantas. Tengo mucho cuidado con ellos: una vez al mes me hago la pedicura, crema para los pies para hidratarlos… No es que sea una fetichista ni nada estilo, porque SÓLO me gustan mis pies. Tampoco es cuestión de que odie los pies de la gente, no es eso, pero odio que me toquen con los pies… es algo… que no, no puedo, me pone de los nervios.

Todo esto viene a que me vi un puntito negro en la planta del pie. Se lo enseñé a mi señora madre y me dijo: “Es un papiloma” y yo “¡Pero si no me duele!”. Derivó en una cita en el podólogo. Y según me vio dijo: “Inicio de papiloma, me alegro que hayas venido. Justo a tiempo.” Mira el otro pie, y nada. Saca el bisturí, navajita o como se llame y empieza a limpiar las células muertas, de paso también las de las durezas (decir que al ver esa cosa me mareé y deje de mirar… hasta que vi que no hacía daño). Le comento “Pues no me dolía nada, y mira que yo ando con taconazos y es una zona de impacto” a lo que responde “Es porque lo has pillado justo a tiempo, sino, ya te podías olvidar durante un tiempo de tacones, no ibas a poder con ellos”

De repente veo que abre un frasco y que empieza a salir como humo. Mete un bastoncito y me empieza a “quemar” el papiloma. No siento nada. Me pone un esparadrapo. Empiezo a notar algo, escozor, dolor… raro, una sensación incómoda. pero lo mejor viene ahora.

Remedio: “Todos los días dúchate con el esparadrapo puesto. Este que te he puesto tenlo 2 días. A partir del 3º cámbiate de esparadrapo todos los días. Coges un AJO, le cortas una lámina, lo pones en el esparadrapo y posas el AJO justo en la quemadura del papiloma. Así todos los días y dentro de 3 semanas vuelves para que vea cómo está”. Por poco me dio la risa…  Un podólogo, con su título y todo… Y me receta, ¿AJO? Lo bueno de todo esto, que me cobró más barato porque parte de los pies de mi familia han pasado por sus manos. Y también, que hoy es mi primer día con el AJO y flipar que tiene el mismo efecto raro que aquel líquido quema papilomas…

Antes llevaba un space. Así que me permito el lujo de trasladar alguno de los posts más recientes para empezar a darle forma a este nuevo reto, mi BLOG.