El finde pasado no fue como todos los pasados… A veces la rutina cansa y apetece hacer cosas nuevas.
El viernes me fui con MyBoy a cenar a un argentino. Ya pondré en breves el post en el apartado “Placeres de la vida” sobre este sitio. La cena fue muy simple pero exquisita. Después tomamos una copita en el sitio habitual. Habitual de los sábados, porque MyBoy y yo llevábamos mucho tiempo sin tomarnos una copita los viernes, bien por cansancio o bien porque los últimos findes hemos cenado en mi casita.
El sábado dormí. Iba a haberme levantado para ir de shopping, puesto que el viernes me dio mucha pereza y no fui. Al final pospuse las compras para la tarde. Después de comer me duché, me arreglé, me puse la musiquita y a comprar.
El sábado fue uno de esos días atípicos de invierno. Pero atípico atípico total. A cualquier que le diga que iba en camisa con la chaqueta (que no abrigo) en la mano y aún así tenía calor, fliparía. Sobre todo, porque todo el mundo se empeña en decir que aquí siempre hace malo. ¡Chuparos esa! ¡Qué esto es tropical total!
Sigo con las compras. Visité las habituales de ese grupo INDustrIal Textil tan conocido por todos. Como una loca empecé a coger perchas y perchas. Qué cosas más bonitas de nueva temporada… En esas tiendas cayeron 3 camisas (porque a trabajar, me gusta ir en camisa y últimamente los findes también me pongo camisita toda mona e ideal yo
) y además una camisa-camisola-vestido medio hippilongi, que con un par de ideas que tengo va a quedar muy chula.
Después de esas compras iba sin rumbo… Hasta que caí en la cuenta de una tienda que me gusta porque tiene cositas diferentes. Tenía fichados unos zapatos de invierno. Pero viendo que no tuve suerte encontrando botas de mi número, daba por imposible que hubiera esas zapatos y encima en mi número. ¡Qué equivocada estaba! Cogí los zapatos y fui a preguntar a la dependienta por mi número. Me preguntó a ver qué número tenía el zapato que yo llevaba en la mano y… ¡Sorpresa! Era mi número. Me lo probé. Perfecto. La cenicienta tiene zapatos nuevos y encima a muy buen precio.
Acabé agotada allí. Hacía tanto calor en la calle y más todavía en la tienda, que por poco me da un patatús. Decidí ir a casa a beber litros de agua y a descansar. Me di por satisfecha cuando por Internet compré una camiseta de “Dolores Promesas”.
Descansé un rato y me arreglé para salir con las amigas. Nuestro plan era diferente. Picar algo, una de cine y luego lo que surgiera (copas, bailables, estábamos abiertas a cualquier plan).
La película: “El valle de Elah”. A mi gusto, una buena película. Dura como la vida misma. Realidad americana.
El picoteo: tres tapitas muy ricas acompañadas de un par de Ruedas.
El resto: dos copazos en el lugar habitual, champán en el lugar habitual (parecemos el reclamo del bar y nos invitan los propios clientes), chupitos, chupitos radiactivos para los pesados…
Un buen fin de semana.